¿Eres capaz de estar en silencio sin hacer nada por 10 minutos?

La paz mental y la felicidad no están allí fuera y no llegan milagrosamente un día a iluminar tu vida. No obstante sigues buscando en los sitios equivocados. 

Ya que sientes que te falta algo que no encuentras necesitas mantener la mente ocupada, hacer cosas, hablar sin parar, llenarte de distracciones, ir de compras, ser activa, embarcarte en nuevas experiencias, ver gente. 

El móvil constantemente vigilado, escribir whatsapp, hacer scroll en Instagram, X, Facebook, enviar mensajes vocales, dar likes, ver Youtube shorts uno tras otro. La televisión o la radio encendida todo el día, mientras comes, trabajas, conduces, hablas con tu pareja o tus hijos. 

Necesitas sentir voces, ruidos, leer las noticias y estar al día con las cosas que pasan allí fuera. 

Mientras tanto en tu mente pasa lo mismo. Un ruido constante de pensamientos: juzgando, comentando, etiquetando, anticipando, recordando y comparando situaciones, experiencias, personas, emociones. Sin pausa, al infinito. 

Confusión fuera y confusión dentro. Día tras día. Y esta constante sensación de vacío que te impide ser feliz.  

Ahora prueba estar en silencio y no hacer absolutamente nada por 10 minutos. 
Sin tele, sin móvil, sin radio, sin libros, sin moverte, sin nada. Solo sentada, en el suelo o en una silla, respirando. 

Puede parecer un desafío demasiado aterrador y difícil de cumplir si nunca lo has hecho, ¿sabes porqué?
Porque el silencio y la inmovilidad obligan a escucharse a uno mismo, a tomar consciencia de tu existencia tal y como es, a experimentar que estás aquí, ahora, con todo lo que implica. 

Es la esencia de la meditación.

¿Eres capaz de estar en silencio sin hacer nada por 10 minutos?

El silencio y la inmovilidad hacen dos cosas importantes: rompen la evasión, ya no puedes distraerte fácilmente, y amplifican lo interno, todo lo que está dentro se vuelve más visible. 

Y ahí aparece el reto: escucharte de verdad. No solo lo que quieres oír, sino también lo que incomoda. El silencio revela lo que eres, en cierto modo es como mirarte en un espejo sin filtros. 

Pero también hay otra cara: te permite entenderte mejor, te ayuda a ordenar lo que sientes, puede darte calma y claridad y te conecta con una sensación más profunda de estar vivo. 

Con el tiempo, lo que al principio asusta, puede volverse un espacio de descanso. Porque la verdadera alegría y felicidad están en el silencio, no en la confusión. 

El reto es desafiante pero si eres capaz de estar en silencio sin hacer nada por 10 minutos al día, la recompensa es enorme. 

¡Buena suerte!




Observa tu mente y no te apegues a nada

Estas son algunas preguntas que los monjes occidentales hicieron a Ajahn Chah, monje budista tailandés de la tradición Theravāda, conocido por su influencia en la enseñanza de la meditación en Occidente. Estás preguntas están relacionadas con el contexto monástico pero son útiles para todos los que practican la meditación y siguen el mensaje del Buda. 

¡Espero que te gusten!

   

Estoy procurando practicar duramente, pero parece que esto no me lleva a ninguna parte.

Pero, precisamente esto es muy importante: que con la práctica, no procures llegar a lugar alguno. El mismo deseo de estar libre o iluminado, será el que te impedirá liberarte. Puedes procurar practicar tan duro como quieras, practicar ardientemente de día y de noche, pero si lo sigues haciendo con el deseo de lograr algo en tu mente, nunca vas a encontrar la paz. La fuerza de este deseo, será la causa de la duda y la inquietud. No importa por cuánto tiempo practiques ni cuán dura sea tu práctica, la sabiduría no va a surgir a partir del deseo. Así que, simplemente, déjalo ir. Mira la mente y el cuerpo atentamente, pero no procures alcanzar algo. No te apegues ni siquiera a la práctica de la iluminación.


¿Es recomendable leer mucho o estudiar las escrituras como parte de la práctica?

El Dhamma del Buda no se encuentra en los libros. Si quieres realmente ver por ti mismo qué es lo que el Buda enseñó, no necesitas molestarte con los libros. Observa tu propia mente. Examínala para ver cómo las sensaciones van y vienen, cómo los pensamientos van y vienen. No te apegues a nada. Solamente sé consciente de cualquier cosa que esté ahí para ser vista. Éste es el camino de la verdad del Buda. Sé natural. Cualquier cosa que hagas en tu vida aquí, es una oportunidad para practicar. Todo esto es el Dhamma. Cuando haces tus tareas, trata de estar consciente. Cuando vacías la escupidera o limpias el baño, no creas que lo estés haciendo como un favor para alguien más. Hay Dhamma en vaciar el escupidero. No creas que sólo estás practicando mientras te sientas con los pies cruzados. Algunos de vosotros os quejasteis que aquí no hay suficiente tiempo para meditar. Pero, ¿hay suficiente tiempo para respirar? Esta es tu meditación: la atención consciente, la naturalidad en todo lo que haces.


¿Qué pasa con las dudas? Algunos días estoy plagado de dudas acerca de mi práctica o de mi progreso, o de mi maestro.

Dudar es algo natural. Todo el mundo empieza con las dudas. Puedes aprender muchísimo de ellas. Lo importante es que no te identifiques con tus dudas, es decir, no te quedes atrapado en ellas. Esto va a envolver tu mente en un círculo vicioso. En vez de esto, observa todo este proceso de la duda y de incertidumbre. Mira quién es él que duda. Mira cómo las dudas llegan y se van. Entonces, no serás más la víctima de tus dudas. Podrás alejarse de ellas y tu mente quedará en paz. Puedes observar cómo todas las cosas llegan y se van. Solamente suelta aquello a lo que estás apegado. Suelta las dudas y sólo observa. Es así cómo termina la duda.


¿Qué pasa con otros métodos de práctica? En estos días parece que hay demasiados maestros y demasiados diferentes sistemas de meditación, lo cual crea confusión.

Esto es como entrar en una ciudad. Uno puede acercarse a ella desde el norte, desde el sudeste, desde diferentes caminos. Frecuentemente, estos sistemas sólo difieren externamente. Si tú caminas de una manera u otra, rápido o despacio, no importa: si lo haces atentamente, da lo mismo. Hay un punto esencial, al cual toda buena práctica tiene que llegar finalmente: el no-apego. Al final, todos los sistemas de meditación deben dejar ir. Tampoco uno puede apegarse al maestro. Si un sistema da lugar al renunciamiento, al no-apego, entonces se trata de una práctica correcta.

Tú puedes tener deseo de viajar para visitar a otros maestros y probar a otros sistemas. Algunos de vosotros, de hecho así ya lo hicisteis. Este es un deseo natural. Pero vais a encontrar que ni las miles de preguntas que hicisteis ni el conocimiento de muchos sistemas os va a acercar a la verdad. Finalmente, os vais a aburrir. Vais a ver que solamente parando y examinando vuestra propia mente podéis hallar aquello de lo que el Buda habló. No hay necesidad de ir a buscar afuera. Al final, tendréis que retornar, para encontraros cara a cara con vuestra propia naturaleza. Es ahí dónde podéis entender el Dhamma.


¿Es necesario estar sentado por largos periodos de tiempo?

No, estar sentado por largas horas no es necesario. Algunas personas piensan que mientras más tiempo permanezcas sentado, más sabio tendrás que ser. ¡Yo he visto a las gallinas sentadas en sus nidos por días enteros! La sabiduría surge de estar consciente en todas las posturas. Tu práctica debería comenzar cuando te despiertas por la mañana temprano. La misma debería continuar hasta que otra vez caigas en sueño. No te preocupes acerca de cuánto tiempo puedas permanecer sentado. Lo único importante es que te mantengas alerta, sea que trabajes, estés sentado o vayas al baño.

Cada persona tiene su propio ritmo. Algunos de vosotros moriréis a la edad de cincuenta años, otros a los sesenta y cinco y otros a los noventa. Así también, vuestra práctica no puede ser idéntica en todo. No penséis ni os preocupéis de esto. Tratéis de estar atentos y dejad que las cosas tomen sus causes naturales. Entonces, vuestra mente llegará a estar cada vez más quieta en cualquier entorno. Llegará a estar tranquila como un claro estanque del agua en el bosque. Entonces, toda clase de maravillosos y extraños animales vendrán para tomar el agua del estanque. Veréis claramente la naturaleza de todas las cosas (sankharas) del mundo. Veréis muchas maravillosas y extrañas cosas yendo y viniendo. Pero vosotros estaréis quietos. Los problemas van a surgir y vosotros veréis a través de ellos. Ésta es la felicidad del Buda.


Todavía tengo muchos pensamientos. Mi mente divaga mucho, aún cuando trato de estar atento.

No te preocupes de esto. Trata de mantener tu mente en el presente. Cualquier cosa que surja en tu mente, sólo obsérvala. Déjala ir. Ni siquiera desea estar libre de pensamientos. Entonces, tu mente alcanzará su estado natural. No discriminando entre lo bueno y lo malo, entre el frío y el calor o entre lo rápido y lo despacioso. No más, mío ni tuyo, ni el yo, en absoluto. Solamente observa que esto simplemente es. Cuando caminas para pedir limosnas no necesitas hacer nada especial. Simplemente camina y observa cómo es esto. No hay necesidad de apegarse al aislamiento o la reclusión. Comoquiera que seas, conócete a ti mismo siendo natural y observador. Si surgen las dudas, observa cómo van y vienen. Esto es muy simple. No esperes nada.

Es como si estuvieras caminando por una calle cuesta abajo. Periódicamente, te encontrarás con los obstáculos. Cuando encuentras los impedimentos, sólo obsérvalos y supéralos dejándolos ir. No pienses acerca de los obstáculos que ya has superado. Tampoco te preocupes acerca de aquellos que todavía no ves. Clávate en el presente. No te preocupes acerca de la longitud del camino o acerca del destino. Todo cambia. Dondequiera que pises, no te apegues a esto. Finalmente, tu mente alcanzará su balance natural, donde la práctica se vuelve automática. Todas las cosas vienen y van por sí mismas.


Si poner todo junto dentro de nuestro cuenco es importante, ¿por qué Usted mismo, como maestro, no lo hace? ¿No cree Usted que es importante para un maestro servir de ejemplo?

Sí, esto es cierto: el maestro debería servir de ejemplo para sus discípulos. No me importa si me estás criticando. Pregunta cualquier cosa que desees. Pero es importante que no te apegues a un maestro. Si yo fuera absolutamente perfecto en mi manera de ser externa, esto sería terrible. Todos vosotros estaríais demasiado apegados a mí. Hasta el Buda, a veces, decía algo a sus discípulos que hicieran y luego, hacía otra cosa. Tus dudas acerca de tu maestro pueden ayudarte. Deberías observar tus propias reacciones. ¿No pensaste que fuera posible que yo guardara algo de comida fuera de mi cuenco, en platos, para alimentar al laico que está trabajando en el templo?

La sabiduría es, para que la observes y la desarrolles. Toma de tu maestro lo que es bueno. Se consciente de tu propia práctica. Si yo descanso un rato y vosotros tenéis que estar de pie, ¿esto os hace enfadar? Si yo llamo “azul” al rojo o digo que un hombre es mujer, no me sigáis ciegamente.

Uno de mis maestros solía comer muy rápido. Y hacía un ruido mientras comía. Aún así, nos enseñaba a que debiésemos comer despacio y atentamente conscientes. Yo solía mirarle y esto me desconcertaba. Sufría, ¡pero él no! Yo estaba mirando hacia afuera. Luego aprendí. Algunas personas conducen muy rápido pero cuidadosamente. Otras, conducen despacio, pero causan muchos accidentes. No os apegáis a las reglas ni a las formas externas. Si observas a los demás, a lo sumo, un diez por ciento del tiempo y te observas a ti mismo el noventa por ciento, ésta es una práctica apropiada. Al principio, estaba mirando a mi maestro Ajan Tong Rath y tenía muchas dudas. La gente hasta pensaba que estaba loco. Él era capaz de hacer cosas muy extrañas o ser muy feroz con sus discípulos. Afuera, parecía enojado pero adentro no había nada. No había nadie ahí. Él era extraordinario. Permaneció con la claridad y la atención, hasta el momento de su muerte.

Mirar fuera de sí mismo es comparar, discriminar. De esta manera, no hallaréis la felicidad. Tampoco encontraréis la paz, ocupando vuestro tiempo en buscar al hombre perfecto o a un perfecto maestro. El Buda nos enseñó a mirar el Dhamma, la verdad; no a mirar la otra gente.


¿Qué pasa con la ira? ¿Qué debería hacer, cuando siento que surge la ira?

Tienes que usar el amor benevolente. Cuando los estados mentales de la ira surgen durante la meditación, balancéalos, desarrollando los sentimientos del amor benevolente. Si alguien hace algo mal o se vuelve airoso, tú no te vuelvas airoso también. Si lo haces, estarás siendo más ignorante que él. Se sabio. Mantén en tu mente la compasión por esta persona que está sufriendo. Llena tu mente del amor benevolente como si se tratara de un querido hermano. Concéntrate en el sentimiento de amor benevolente como objeto de tu meditación. Irrádialo hacia todos los seres del mundo. Solamente a través del amor benevolente se puede superar la ira.

Algunas veces, podrías ver a otros monjes comportándose mal, lo cual podría contrariarte. Este sufrimiento no es necesario. Éste no es aún, nuestro Dhamma. Podrías pensar esto: “Él no es tan estricto como yo. Ellos no son meditadores tan serios como nosotros. Aquellos monjes, no son monjes buenos”. Ésta es una gran impureza de tu parte. No hagas comparaciones. No discrimines. Deja ir tu opinión y observa tus opiniones, al igual que a ti mismo. Éste es nuestro Dhamma. No puedes hacer que cada uno se actote como tú quieras o como a ti te gustaría. Estos deseos solamente te harán sufrir. Este es un error común que comenten los meditadores, pero mirar a otra gente no puede desarrollar sabiduría. Simplemente, examínate a ti mismo y tus sentimientos. Así es cómo vas a tener el entendimiento.


Me siento somnoliento muchas veces. Lo que hace que me sea difícil meditar.

Hay diferentes maneras de superar la somnolencia. Si estás sentado en la oscuridad, muévete a un lugar iluminado. Abre tus ojos. Levántate y lava la cara o toma un baño. Si estás somnoliento, cambia la postura. Camina un poco. Camina hacia atrás. El miedo de tropezar con las cosas te mantendrá despierto. Si esto falla, estate quieto, clarifica la mente e imagina que estás en plena luz del día. O siéntate en el borde de un alto acantilado o un pozo profundo: ¡no te vas a arriesgar a dormir así! Si nada de esto funciona, entonces simplemente ve a dormir. Acuéstate cuidadosamente y trata de permanecer consciente hasta el momento de caer en el sueño. Luego, una vez despierto, levántate. No mires al reloj ni des vueltas. Empieza a estar atentamente consciente desde el mismo momento de tu despertar.

Si te encuentras somnoliento todos los días, trata de comer menos. Examínate a ti mismo. Tan pronto que comas unas cinco cucharadas y sientes que te están llenando, detente. Luego, toma agua hasta sentirte plenamente lleno. Ve y siéntate. Observa tu somnolencia y tu hambre. Tienes que aprender a balancear tu comida. A medida que tu práctica progrese, vas a sentirte naturalmente más enérgico y vas a comer menos. Pero tienes que ajustarlo tú mismo.


¿Cuál es el problema más grande de un discípulo nuevo?

Las opiniones. Los puntos de vista e ideas acerca de todas las cosas. Acerca de sí mismo, acerca de la práctica, acerca de la enseñanza del Buda. Muchos de aquellos que vienen aquí gozan de alta posición en su comunidad. Aquí hay ricos comerciantes o graduados universitarios, profesores u oficiales gubernamentales. Sus mentes están repletas de opiniones acerca de las cosas. Ellos son demasiado inteligentes para escuchar a otros. Esto es como el agua dentro de una taza. Si la taza está llena del agua sucia y estancada, es inútil. Solamente al echar esta agua afuera, la taza vuelve a ser útil. Vosotros tenéis que vaciar vuestras mentes de las opiniones, entonces podréis ver. Nuestra práctica va más allá de la inteligencia y la estupidez. Si tu piensas: “soy inteligente, soy rico, soy importante, entiendo todo acerca del budismo”, estás cubriendo la verdad del anatta o el no-yo. Todo lo que veréis será el yo, el ego, lo mío. Pero el budismo consiste en dejar ir al yo. La vacuidad, el vacío, el Nibbana.


Las impurezas, como la avidez o ira, ¿son meras ilusiones o son reales?

Son ambas cosas. Nosotros llamamos a las impurezas “lujuria” o “avidez”, “ira” o “falsa ilusión”, y éstos son solamente los nombres externos, las apariencias. Al igual que llamamos a un cuenco “grande”, “pequeño”, “bonito” o cualquier cosa. Esto no es la realidad. Es el concepto que creamos por el anhelo. Si deseamos un cuenco grande, a éste le llamaremos “pequeño”. El anhelo causa en nosotros la discriminación. La verdad, sin embargo, es meramente lo que es. Míralo de esta manera: ¿eres un hombre? Puedes responder “sí”. Ésta es la apariencia de las cosas. Pero realmente, eres sólo una combinación de elementos o grupos de los componentes cambiantes. Cuando la mente es libre, no discrimina. No existe lo grande, lo pequeño, tú ni yo. No hay nada: anatta, decimos nosotros, o el no-yo. Realmente, al final, no hay ni atta ni anatta.


Yo estuve desarrollando unos estados mentales muy apacibles durante la meditación. ¿Qué debería hacer ahora?

Esto es bueno. Hacer la mente apacible, concentrada. Usa esta concentración para examinar el cuerpo y la mente. Cuando la mente no está en paz, igualmente deberías mirarla. Entonces, conocerás la verdadera paz. ¿Por qué? Porque vas a ver la impermanencia. Hasta la paz tiene que ser vista como algo impermanente. Si te apegas a los estados mentales apacibles, vas a sufrir cuando no los tengas. Abandona todo, hasta la paz.


Fuente: El Venerable Ajahn Chah - “Questions and Answers” en Bodhinyana: A Collection of Dhamma Talks.  (18/06/2006)

El hoy es todo lo que tienes

El mal de nuestra época es la continua búsqueda de "algo mejor" que llegará. Todos frenéticamente ansiosos para tener más éxito, más dinero, más tiempo, más viajes, más emociones, más experiencias, como si el propósito de la vida fuera solo acumular, acumular y acumular. 

Luego miras a tu alrededor y ves solo personas infelices, amargadas y deprimidas.
Más tienen y más les faltan cosas, así que siguen buscando en libros, cursos, psicólogos y astrólogos. Acuden a gurús y coaches, prueban con las religiones, los ángeles, las terapias chamánicas esperando encontrar la píldora mágica que limpie, recargue y ordene sus vidas, cuando lo único seguro es que se vacíen sus carteras. 

Quieren un cambio en sus vidas, lo buscan fuera y no encuentran nada. 

El cambio real empieza desde dentro y desde el presente.
No busques respuestas afuera cuando la clave está en cómo vives cada día. Tu vida no cambia si no cambias el hoy. Solo necesitas cambiar el hoy para cambiar tu vida porque el hoy es todo lo que tienes. 

La vida es una gran ilusión. Toda nuestra vida se resume en un día: has nacido en un día, vives en un día, morirás en un día. Si pierdes el hoy, lo pierdes todo porque lo único que tienes es el hoy, el momento presente. 
El mañana aún no ha nacido, el ayer ya ha muerto. El presente es lo único que tienes. 
Cada día es una vida en sí misma, una oportunidad completa para ser, hacer y cambiar. Cada amanecer es un nuevo comienzo y cada atardecer, un cierre, no desperdicie este tiempo precioso. 

Hacen falta tan solo 10-20 minutos al día de práctica de meditación para cambiar tu día. Si te comprometes a practicar diariamente, tendrás más claridad mental, más calma y más presencia. 

Deja de buscar fuera, la verdadera paz está en la profundidad de tu ser.

Siéntate en silencio y soledad. No necesitas más que un espacio tranquilo y el deseo de observarte a ti misma. Adopta una postura correcta, mantén la espalda recta, relaja los hombros y deja que tu cuerpo repose en quietud. La meditación no es una tarea ni un esfuerzo, sino un regreso a tu esencia más pura.

Concéntrate en la respiración. Siente cómo el aire entra y sale de tu cuerpo, sin forzarlo ni controlarlo. Solo obsérvalo, como un testigo imparcial. En cada inhalación, percibe la vida que fluye en ti; en cada exhalación, deja ir todo aquello que te pesa.

Los pensamientos vendrán, como nubes en el cielo, pero no luches contra ellos, no los rechaces ni los retengas. Simplemente déjalos pasar. La mente es como un río que fluye sin cesar, pero tú no eres el río, eres quien lo observa desde la orilla. 

Si haces esto todos los días, con constancia y entrega, descubrirás un estado de calma y serenidad que nunca habías imaginado. La verdadera paz no es un lugar al que llegar, sino un estado que se cultiva dentro de ti. No busques fuera lo que siempre ha estado dentro.

Empieza a cambiar el hoy para ver un cambio en tu vida.
Siéntate, respira y sé.


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Está solo en ti mismo

Cuando te sientes triste, la tristeza reside en tu interior. Cuando te preocupas, es tu preocupación, no la de los demás. Cuando estás deprimido, es tu mundo que se tiñe de negro, y solo tu puedes verlo. Cuando estás enfadado, tu eres el único que hierve por dentro.

La depresión, la ansiedad, el enojo, la envidia, la ira, los celos, la angustia, todas las emociones negativas que puedes probar, las probarás siempre estando solo. Las personas a tu alrededor pueden "ver" como te sientes pero no nunca podrán "sentir" lo que tu sientes. 

No obstante sigues buscando en el exterior soluciones a tu mal interior. Buscas ayuda en las personas que están a tu lado, en los libros, incluso puede que acudas a un psicólogo para que resuelva tus problemas. Necesitas que alguien te diga cómo vivir y encontrar la felicidad pero para eso ya existe un negocio multimillonario de la industria de la autoayuda donde todos dicen que tienen las respuestas que buscas pero nada funciona. 

Hasta que no vuelves al mundo interior, el mundo exterior puede solo complicarte más la vida con sus energías negativas, las comparaciones y las falsas ilusiones de lo que significa ser feliz.
Este mundo no está hecho para hacerte sentir feliz, está hecho para poner obstáculos en tu camino. Una vez que has superado un problema, otro llega sin avisar y así sucesivamente por el resto de tu vida.

No te distraigas entonces buscando respuestas en las voces ajenas, en las doctrinas, en el bombardeo constante de información, en los que prometen salvarte a cambio de dinero y no te enfades si el mundo exterior no entiende tu malestar.
Apaga el ruido exterior y date permiso para detenerte, permanecer en silencio y escuchar realmente lo que llevas dentro. Es solo dentro de ti que puedes encontrar las respuestas.

Aprende a escuchar las distintas voces que te hablan: tu sufrimiento, tu mente egoica, tus apegos, tus sentimientos, tu alma. Contempla cada pensamiento y cada sensación, sin juzgarlos, solo observa, como si observaras las olas del océano que vienen y se van desapareciendo en la orilla.
Allí es donde comprenderás cómo se mueven el pensamiento y la sensación y allí es donde encontrarás la vía para descubrir la maravilla de vida que eres. 

Todas las cosas maravillosas que estás buscando, felicidad, paz y alegría, las puedes encontrar dentro de ti. No necesitas buscar en ningún otro lado.

La oportunidad de oro que estás buscando está en ti mismo. No está en tu entorno; no está en la suerte, ni en el azar, ni en la ayuda de los demás; está solo en ti mismo.
- Orison Swett Marden - 


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Para muchos meditar significa sentarse en un cojín o en el suelo, cruzar las piernas, cerrar los ojos y esperar que algo mágico ocurra.

Yo pensaba lo mismo. Empecé siguiendo algunas meditaciones guiadas que había encontrado en Internet, recitando mentalmente mantras y convenciéndome de que después de 5-10 minutos iba a sentirme mejor, más serena y en paz.
Intentaba no pensar y dejar la mente en blanco, como si eso fuera posible para los comunes mortales. Obviamente mis esfuerzos fracasaron o por lo menos no llegaron a proporcionarme los resultados esperados.

Tardé varios intentos antes de darme cuenta que mis esfuerzos para "no pensar" no conducían a ninguna parte. Luchaba para superar mis problemas y para acabar con la ansiedad, pero la forma de meditar que usaba no tenía un éxito duradero. Estaba tan concentrada en liberarme de las emociones negativas que me olvidaba del enfoque principal de la práctica: observar.

Meditar es observar los pensamientos y reconocer las emociones que surgen dentro de ti sin juzgarlas. Es hacer que tu mente esté de forma consciente donde está tu cuerpo, prestar atención a cómo vienen y van los sentimientos, cómo vienen y van los pensamientos, sin apegarse a nada. Simplemente tener una atención plena en cada momento. 

Meditar no consiste en intentar lograr nada ni en intentar lograr algo. No es hacer, es dejar ser. Consiste en mirar directamente a la mente, ser consciente de lo que es. Ver el discurrir de los sentimientos y las emociones, contemplar su aparición, permanencia y desaparición. Ver el sufrimiento causado por las emociones destructivas, reconocerlo, buscar su causa y ponerle fin.

Meditar es comprender profundamente la impermanencia y fugacidad de todas las cosas. Cuando examinas una emoción, ya sea agradable o desagradable, será como ver una nube en el cielo, no tardará mucho en irse. 

Cuando meditas, examina tu mente, pero sin juzgar, discriminar o apegarse; sé únicamente un observador. Es un proceso lento que requiere mucha paciencia, mucha practica y mucha resistencia pero aporta sabiduría, paz y serenidad.

Intenta simplemente mantener tu mente en el presente; sé consciente de lo que surje en tu mente, observalo y déjalo ir. Nada más. 

Si necesitas hacer algo, entonces observa tu respiración. Cuando estás exhalando, recuerda que estás exhalando. Cuando inhalas, recuerda que estás inhalando, sin proporcionar ningún tipo de comentario adicional sino simplemente identifícate con la respiración. 

Practica la atención plena en tu vida diaria, no hace falta sentarse, puedes meditar caminando, conduciendo, preparando la comida. Hagas lo que hagas recuerda de estar completamente presente, estar atento y dejar que las cosas sigan su curso natural. Entonces tu mente se calmará cada vez más en cualquier entorno y en cualquier momento, y como la piel vieja del serpiente que se muda, algo se desprende y se libera. 

Cuando seas capaz de tener toda tu atención plena en el aquí y ahora, experimentarás un estado de paz, calma y serenidad interior. Descubrirás que poco a poco, sin darte cuenta, tu actitud hacia la vida, los problemas y las adversidades empieza a cambiar; las cosas se vuelven más ligeras y tú te vuelves más alegre.


Si durante el día estás alerta, si estás atento a todo el movimiento del pensar, a lo que dices, a tus gestos - cómo te sientas, cómo caminas, cómo hablas - si estás atento a tus respuestas, entonces todas las cosas ocultas salen a la luz muy fácilmente. En ese estado de atención lúcida, despierta, todo es puesto al descubierto.


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Desde el momento en que nacemos encontramos dificultades en el viaje de la vida. Muchos de los obstáculos y de las experiencias que encontramos en el camino provocan una sensación desagradable y nos hacen sufrir. 

El hecho es que todos los seres humanos encuentran el sufrimiento, es inevitable, y es un ingrediente íntimo y al mismo tiempo universal de la condición humana.

Este sufrimiento aparece bajo varias formas. Ir al médico, al dentista, tener una operación quirúrgica, tener un accidente y todo lo que es relacionado con el dolor físico provoca sufrimiento.
Pero hay también otra forma de sufrimiento, aún más dolorosa: la muerte de un familiar, una pareja o de una mascota, una ruptura amorosa y cualquier pérdida de un ser querido provoca un gran sufrimiento.

Así es la vida y aunque parece que hay que entregarse a este destino, las enseñanzas budistas pueden ayudar a poner fin al sufrimiento. 

Leer y estudiar las enseñanza del Buda son una buena base de partida para acabar con el sufrimiento pero no son medios suficientes. Es necesario experimentar el estado de estar libre de sufrimiento a través de la práctica de la introspección y la meditación que tienen el poder de llevarte al momento presente, al aquí y ahora. El mismo Buda dijo que tu mente crea, da forma y experimenta todo lo que te ocurre. Por eso analizar lo que ocurre dentro de ti, en tu mente, va a determinar el estado de tus emociones, si eres feliz o desgraciado, si estás en paz o sufres. 

El camino consiste en meditar y contemplar:
- la impermanencia (todas las cosas, todos los seres vivos, nacen y mueren, se componen y se descomponen, todo es transitorio y efímero),
- la ausencia del yo separado (no somos individuos separados de los demás, no existimos como sujetos autónomos e independientes del entorno).

La meditación profunda puede ayudar a liberarnos de este sentido de identidad. Cuando estamos en silencio y atentos podemos comprender que nunca podemos poseer nada en el mundo. Nuestros bienes materiales, así como nuestros seres queridos, nuestros empleos, nuestras creencias y opiniones, son "nuestros" por un corto periodo de tiempo. Al final todo cambia, muere o se pierde. Nada y nadie está exento. En esta meditación está el camino para liberarnos del sufrimiento. Cuanto más nos alejamos del "yo", de la identidad propia y de la permanencia, más ligeros se vuelven nuestros problemas. O como decía un maestro de meditación: "Si no hay yo, no hay problema".


"La causa del sufrimiento es la ignorancia, un falso modo de contemplar la realidad. Pensar que lo transitorio es permanente es ignorancia. Pensar que hay un yo, cuando no lo hay, es ignorancia. De la ignorancia nace el deseo, el enfado, el miedo, los celos e infinitos sufrimientos. El camino de la liberación consiste en contemplar profundamente las cosas para comprender la naturaleza de la transitoriedad, la ausencia de un yo separado y la interdependencia de todas las cosas. Este es el camino que destruye la ignorancia; una vez erradicada, se trasciende el sufrimiento. Esa es la verdadera liberación. No hace falta un yo para que haya liberación."
- Thich Nhat Hanh


Krishnamurti y la meditación

Un extracto del libro "Limpia tu mente" de J. Krishnamurti

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Meditación.

Esta palabra se ha usado de una manera desafortunada tanto en Oriente como en Occidente. Existen distintas escuelas de meditación, diferentes métodos y sistemas. 

Hay sistemas que dicen: "Mira el movimiento del dedo gordo del pie, míralo, míralo, míralo"; otros sistemas proponen sentarse en determinada postura, respirar regularmente o practicar la conciencia. Todo esto es completamente mecánico.
Otro método le facilita cierta palabra y le dice que si la repite sin cesar tendrá alguna experiencia trascendental. Esto es absurdo, sólo una forma como otra de auto-hipnosis. Al repetir "amén", "om" o "Coca Cola" indefinidamente, es evidente que uno tiene cierta experiencia, porque la repetición hace que la mente se aquiete. Es un fenómeno bien conocido que se ha practicado durante milenios en la India, el llamado mantra yoga. Por medio de la repetición se puede inducir a la mente a ser dócil y suave, pero sigue siendo una mente mezquina, vulgar y pequeña. Es como si pusiera sobre la repisa de la chimenea un palo recogido en el jardín y le diera una flor a diario. Al cabo de un mes lo adoraría y no ponerle la flor delante sería un pecado. 

La meditación no estriba en seguir cualquier sistema, no es repetición e imitación constantes, ni tampoco es concentración.
Una de las estratagemas predilectas de ciertos maestros de meditación es insistir en que sus alumnos aprendan concentración, es decir, fijar la mente en un pensamiento y expulsar todos los demás pensamientos. Ésta es la cosa más estúpida y desagradable que un escolar puede hacer, porque le obligan a ello. Significa que usted libra continuamente un combate entre la insistencia en que debe concentrarse y su mente que divaga y se ocupa de toda clase de cosas, mientras que debería estar atento a cada movimiento de la mente, adondequiera que divague. Cuando su mente divaga significa que está interesado en otra cosa.

La meditación exige una mente asombrosamente despierta.
Meditar significa comprender la totalidad de la vida en la que ha cesado cada forma de fragmentación.
La meditación no es control del pensamiento, pues cuando el pensamiento se controla engendra conflicto en la mente, pero cuando uno comprende la estructura y el origen del pensamiento, como hemos visto, el pensamiento no interfiere. Esa misma comprensión de la estructura del pensamiento es su propia disciplina, es la meditación. 

Meditar es ser consciente de cada pensamiento y de cada sensación, sin decir nunca que está bien o mal, sino tan sólo contemplarlo y seguirlo. Gracias a esa contemplación uno empieza a comprender cómo se mueven el pensamiento y la sensación. Y de ese conocimiento surge el silencio.

El silencio creado por el pensamiento está estancado, muerto, pero el silencio que se instala cuando el pensamiento ha comprendido su propio comienzo, la naturaleza de sí mismo —ha comprendido de qué modo todo pensamiento no es nunca libre y siempre es viejo—, ese silencio es una meditación en la que el meditador está ausente por completo, pues la mente se ha vaciado del pasado. 

La meditación es una de las artes más grandes de la vida, tal vez la más grande, y uno no puede aprenderla de nadie. Ahí radica su belleza. Carece de técnica y, por consiguiente, de autoridad. 

Cuando usted aprende acerca de sí mismo, se observa, contempla su manera de andar, de comer, lo que dice, el chismorreo, el odio, los celos... si es consciente de todo eso que está en su interior, sin ninguna alternativa, ello forma parte de la meditación. 

Y así la meditación puede tener lugar cuando está sentado en un autobús o camina por el bosque lleno de luz y sombras, o mientras escucha cantar a los pájaros o contempla el rostro de su esposa o de su hijo. 

En la comprensión de la meditación hay amor, y el amor no es un producto de sistemas, hábitos, de seguir un método. El amor no se puede cultivar por medio del pensamiento. El amor tal vez puede existir cuando hay un silencio completo, un silencio en el que el meditador está del todo ausente. Y la mente sólo puede estar silenciosa cuando comprende su propio movimiento como pensamiento y sensación. A fin de comprender este movimiento del pensamiento y la sensación, debe observarse sin condena. Observar así es la disciplina, y esa clase de disciplina es fluida, libre, no la disciplina de la conformidad.

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Fuente: J. Krishnamurti, Freedom from the known - Limpia tu mente (Martínez Roca, 1999)


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