Mi maceta ya está rota y el vaso ya está roto también

El primer día que me mudé a mi nueva casa puse una maceta de cristal con flores sobre la consola del recibidor. Me agradaba verla cuando entraba. Disfrutaba del olor de las flores y de cuidar que fueran siempre frescas. 

Luego una noche un fuerte ruido me despertó de sobresalto. Me levanté en seguida para ver que había pasado y allí estaba en el suelo en mil pedazos mi querida maceta. .....Y la gata sentada en la consola mirándome con aire pícaro. 

Al principio me enfadé con la gata y me entristecí por la ruptura de la maceta aunque en seguida volví a controlar mis emociones porque me acordé de una metáfora budista que había leído. 

Ajahn Chah (monje budista tailandés y uno de los maestros de meditación más influyentes del siglo XX) solía tomar un vaso y decía: 

"Si pueden ver que el vaso ya está roto, entonces cuando se rompa no sufrirán".  

 

El vaso ya está roto

La enseñanza de "el vaso ya está roto" de Ajahn Chah es una metáfora budista muy potente sobre la impermanencia (anicca).  
Al aceptar que todas las cosas —vidas, relaciones, posesiones— ya están rotas por su propia naturaleza transitoria, se elimina el apego y el sufrimiento cuando finalmente se rompen, permitiendo valorar cada momento precioso en el presente. 

Esta enseñanza hace hincapié en la ilusión de la permanencia. Crees que las cosas durarán para siempre y por esta razón sufres cuando las cosas se rompen, cuando tus seres queridos ya no están o cuando tu cuerpo envejece o enferma. 

Pero Chah explicaba que, al entender que el destino final es la ruptura, ya no te sorprendes. Si ves el vaso como "ya roto", cuando se caiga y se haga añicos, simplemente dirás: "por supuesto". Es una comprensión profunda de la realidad, no pesimismo. Es la aceptación de que todo y todos están en constante cambio y desintegración.

Además esta perspectiva transforma la forma en que vives ya que al saber que nada dura, disfrutas cada momento con mayor intensidad y gratitud. 
Aceptar la fragilidad de la vida te ayuda a vivir el "ahora" con mayor aprecio y menos miedo a la pérdida.


¡Buen camino!


El apego es tu enemigo

En este mundo, mires donde mires, nadie está totalmente satisfecho con su vida. Siempre falta algo: dinero, salud, posesiones, fama, poder, reconocimiento social, diversión. 

¿Por qué nuestras vidas parecen tan insatisfactorias? ¿Por qué nuestras experiencias o posesiones nunca parecen brindarnos una felicidad duradera o una realización plena? Siempre queremos algo más, y nunca tenemos bastante. Queremos aferrarnos a todo lo que tenemos y queremos adquirir todo lo que podamos. ¿Pero a qué sirve si no somos felices?

La posesiones te poseen. Si posees algo, eres responsable de cuidarlo y estás continuamente preocupado de que pueda dañarse o puedas perderlo. Vives con el miedo y la angustia de mantener para siempre todo lo que posees. Al mismo tiempo, estas posesiones no llenan tu vacío interior, así que sigues acumulando objetos y experiencias, intenta ganar más dinero y tener más cosas en un círculo vicioso infinito.
Recuerda que no has venido a esta vida para comprar, acumular experiencias, objetos y dinero. ¿Adonde te las vas a llevar cuando mueres? 

La verdadera libertad, la que te hará sentir más feliz y en paz, consiste en liberarte del miedo a perder lo que crees que posees. El apego a tus posesiones es el verdadero problema. Sin el apego, sin el miedo a perder lo que crees que es tuyo, te darás cuenta que ya no necesitas tanto, ya no vas a querer más y más. 
Por lo tanto, lo que tienes que abandonar es tu apego a las posesiones y experiencias, no a las cosas en sí. 

El budismo enseña que para alcanzar la felicidad tenemos que practicar el desapego. Libérate entonces te todas aquellas cosas a las que te has apegado, que son inútiles y te privan de la libertad.

La libertad que todos buscamos es la libertad de no tener miedo a perder lo que creemos poseer. Al fin y al cabo nada en este mundo es realmente nuestro, ni siquiera nuestros cuerpos, todo es solo prestado durante nuestro viaje por la vida. Somos sólo administradores de lo que temporalmente nos rodea. Nuestras casas, nuestros seres queridos, nuestros trabajos, nuestras creencias y emociones, todo es prestado y al final de tu vida no podrás llevarte nada contigo. 

Disfruta entonces de los momentos tal como son ahora. Nunca serán mejores que en este preciso momento. No esperes. No tengas miedo de perder, enfócate en vivir y disfrutar cada experiencia, cada emoción, cada momento, cada sentimiento. Vive con amor, trabaja con pasión y agradece todo lo que tienes porque nada es permanente excepto las vivencias que atesoras. 

El apego es tu enemigo.

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 "No es la impermanencia lo que nos hace sufrir.
Lo que nos hace sufrir es querer que las cosas sean permanentes cuando no lo son."
- Thich Nhat Hanh -


Las cosas cambian y se transforman, todo nace y muere. 

Vemos enfermedad, vejez, cambios de estaciones, cambios de nuestra emociones, cambios en la sociedad y en el clima. 

Absolutamente todo está sujeto a una transformación y es una bendición ya que si todo fuera permanente no habría vida alguna, el nacimiento y el crecimiento resultarían imposibles.

Tenemos que educarnos a la idea de la impermanencia y estar listos para la perdida porque nada en el universo es permanente, todo está en constante cambio y movimiento, las cosas se van y no son para siempre.

Si seguimos pensando en que un objeto, una personas, una mascota, una idea, será para siempre, nos hará feliz y dará sentido a nuestras vidas, estamos condenados al sufrimiento porque nada dura.

El apego es lo que nos hace sufrir. Buscar una felicidad duradera en cosas que son transitorias nos hace sufrir. Nuestros familiares, amigos y relaciones algún día ya no estarán a nuestro lado, nuestro trabajo, nuestros pensamientos y emociones no durarán para siempre. Podemos perder el dinero, la salud, la casa, todo cambia a cada instante. Así que creer y querer que todas estas cosas sean permanentes cuando no lo son es lo que nos hace sufrir.

Una vez seamos capaces de ver la impermanencia claramente, empezamos a ver que no nos podemos apegar a nada de lo que existe. Cuando asumimos la temporalidad de todas las cosas, surge la comprensión que es fútil el aferrarse a algo ya que todas las cosas vienen y van en la vida, tanto las cosas buenas como las malas. 

Podemos entonces aceptar y relajarnos ante una experiencia sabiendo que es transitoria y dejar de resistirnos al cambio sabiendo que es inevitable.

Si aprendemos a renunciar o al menos a disminuir nuestro apego hacia los resultados, deseos y expectativas y aceptar lo que nos depara el destino, conseguiremos más equilibrio y serenidad.

Cuando aprendemos a soltar, a dejar ir, tendremos más paz. 

De acuerdo con Ajahn Chah, “Si dejas ir un poco, tendrás un poco de paz. Si dejas ir mucho, tendrás mucha paz. Si dejas ir completamente, tendrás la paz completa”. 

Cuantos menos apegos tengas, más libre caminarás.


“Recuerda que todo pasa. Ningún acontecimiento ni ninguna emoción son permanentes. Como el día y la noche; hay momentos de alegría y momentos de tristeza. Acéptalos como parte de la dualidad de la naturaleza porque son la naturaleza misma de las cosas.”



El anillo del rey

 Una vez, un rey de un país muy lejano reunió a los sabios de su corte y les dijo:

– «He mandado hacer un precioso anillo con un diamante a uno de los mejores orfebres de la zona. Quiero poner, oculto dentro del anillo, algunas palabras que puedan ayudarme en los momentos difíciles. Un mensaje que me pueda inspirar en momentos de desesperación total. Me gustaría que ese mensaje ayude en el futuro a mis herederos y a todas las personas del reino. Tiene que ser pequeño, para que se pueda grabar debajo del diamante de mi anillo».

Todos aquellos que escucharon los deseos del rey, eran grandes sabios, eruditos… pero ¿pensar un mensaje que contuviera dos o tres palabras y que cupiera debajo de un diamante de un anillo? Muy difícil. Igualmente pensaron, buscaron y buscaron, sin encontrar nada en que ajustara a los deseos del rey.

El rey tenía, un sirviente muy querido, que había sido sirviente de su padre, y había cuidado de él cuando su madre había muerto, tenía la sabiduría de la vida y gozaba del respeto de todos.

El rey, le consultó. Y éste le dijo:

– “No soy un sabio, ni un erudito, ni un académico, pero conozco el mensaje”

– “¿Y cómo lo sabes?”- preguntó el rey

– “Durante mi vida en palacio, estuve al servicio de un invitado de tu padre, un maestro. Cuando se despidió, como gesto de agradecimiento me dio este mensaje”.

En ese momento el anciano escribió en un papel el mencionado mensaje. Lo dobló y se lo entregó al rey.

– “Pero no lo leas», dijo. «Mantenlo guardado en el anillo. Ábrelo sólo cuando no encuentres  en una situación en la que no veas la salida”.

Ese momento no tardó en llegar, el país fue invadido y su reino se vio amenazado.

Estaba huyendo a caballo para salvar su vida, mientras sus enemigos lo perseguían. Estaba solo, y los perseguidores eran fuertes y numerosos. Llegó a un lugar donde el camino se acababa al borde de un precipicio. Y entonces se acordó del anillo. Lo abrió, sacó el papel y allí encontró el siguiente mensaje:

“Esto también pasará”.

Mientras leía la frase, dejó de oír el trote de los caballos. Los enemigos que lo perseguían debían haberse perdido en el bosque, o debían haberse equivocado de camino. Pero lo cierto había un inmenso silencio Tras aquel sobresalto, el rey logró reunir a su ejército y reconquistar el reino.

En la ciudad hubo una gran celebración con música y baile…y el rey se sentía muy orgulloso de su victoria y de sí mismo.

En ese momento, nuevamente el anciano estaba a su lado y le dijo:

– “Apreciado rey, ha llegado el momento de que leas nuevamente el mensaje del anillo”

– “¿Qué quieres decir?”, preguntó el rey. “Ahora estoy viviendo una situación de euforia y alegría, las personas celebran mi retorno, hemos vencido al enemigo”.

– “Escucha”, dijo el anciano. “Este mensaje no es solamente para situaciones desesperadas, también es para situaciones placenteras. No es sólo para cuando te sientes derrotado, también lo es para cuando te sientas victorioso No es sólo para cuando eres el último, sino también para cuando eres el primero”.

El rey abrió el anillo y leyó el mensaje…

“Esto también pasará”.

Y, nuevamente sintió la misma paz, el mismo silencio, en medio de la muchedumbre que celebraba y bailaba. Pero el orgullo, el ego había desaparecido. El rey pudo terminar de comprender el mensaje. Lo malo era tan transitorio como lo bueno.

Entonces el anciano le dijo:

– “Recuerda que todo pasa. Ningún acontecimiento ni ninguna emoción son permanentes. Como el día y la noche; hay momentos de alegría y momentos de tristeza. Acéptalos como parte de la dualidad de la naturaleza porque son la naturaleza misma de las cosas.”


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