Minimalismo y estoicismo: practicas para vivir mejor

Lo que tienen en común el minimalismo y el estoicismo es que ambos enseñan que no necesitamos mucho para ser felices

Podemos prescindir de todo lo que tenemos, bienes materiales, aparatos electrónicos, comodidades. La mayoría de las cosas que nos rodean solo ocupan espacio en nuestras casas y en nuestras mentes y realmente no aportan valor esencial a nuestras vidas.

Para averiguarlo te propongo una sencilla practica de minimalismo y estoicismo. Puedes decidir si practicar todo seguido, una cosa al día, o fraccionarlo en uno o dos días a la semana.

Lo ideal, para aprender de estos ejercicios prácticos, es anotar al final del día las sensaciones, emociones, pensamientos que han surgido.


Ejercicios prácticos de minimalismo y estoicismo 
  • Pasar un día entero offline sin Internet
  • Meditar 10-15 minutos
  • No quejarse en todo el día
  • Seguir una rutina mañanera
  • Aprender a disfrutar de la soledad
  • Pasar un día sin gastar dinero
  • Escribir un diario
  • Regalar las prendas de vestir que no usas
  • Apagar todas las notificaciones del móvil
  • Pasear en la naturaleza
  • Hacer una lista de las cosas de las que estás agradecida
  • Regalar los libros que ya has leído y que no vas a volver a leer
  • Salir de casa sin el móvil
  • Pasar tiempo con tus seres queridos
  • Pensar en lo que te estresa
  • Pensar en lo que deseas y actuar para conseguirlo
  • Un día sin televisión
  • Ordenar la casa y tirar los objetos inútiles
  • Crear un espacio relajante en casa
  • Eliminar contactos de tus redes sociales
  • Pensar en la muerte
  • Darse una ducha fría
  • Deshacerse de un mal habito
  • Identificar las cinco prioridades más importantes
  • Aprender algo nuevo
  • Definir un menú semanal
  • No juzgar a nada y a nadie por 24 horas
  • Hacer algo que te da miedo
  • Hacer ejercicio todos los días
  • Practicar la compasión
  • Un día en ayuno

¿Por Qué Te Enfadas y Te Enojas? ¿Te Hace Sentir Mejor?

Cada día nos enfadamos o nos enojamos por algo. El trafico, los impuestos, la política, el futbol, los conductores maleducados, el coche que se estropea, los niños, la pareja, un comentario critico en las redes sociales y un largo etcétera de mini molestias que nos hacen estallar.


¿Algunas vez te has preguntado a que sirve enfadarse? ¿Desaparece tu problema?

Lo más probable es que las pulsaciones de tu corazón suban igual que tu tensión arterial, pero el problema sigue allí.

Lo que pasa es que reaccionamos de forma exagerada frente a acontecimientos que llegan inesperados y que nos cogen de sorpresa. Pensamos tenerlo todo bajo nuestro control y a la mínima desviación del camino estallamos como petardos.

Anticipamos una realidad perfecta que no existe y que inevitablemente nos decepciona.

¿Acaso cuando éramos jóvenes no estábamos enfadado con el mundo entero?


Que dicen los estoicos sobre el enfado

Todavía sonrío al recordar mis ataques de ira cuando era jovencita y las veces que me enfadé por cosas absolutamente fútiles. Afortunadamente con los años he ido madurando y he aprendido a controlar mis impulsos.

Muchas de las enseñanzas han venido de los filósofos estoicos: no esperar nada de nada. Aceptar las cosas como vienen. Aprender a controlar las emociones y a esperar mucho menos de la vida.

Los estoicos dicen que no podemos controlar lo que sucede a nuestro alrededor: las desgracias, las guerras, la opinión de los demás, las personas que nos perjudican o que nos hacen daño. Pero sí tenemos el poder de controlar cómo respondemos. Tenemos el poder de controlar quiénes somos por dentro y como queremos sentirnos. 

 

Aquello que nos indigna no son las acciones de los otros, pues tienen su principio en el espíritu que las guía; son nuestras propias opiniones. Suprime, pues, tu opinión; cesa con firme resolución de juzgar tus acciones como molestas para ti, y tu cólera se disipará.

Meditaciones (libro undécimo), Marco Aurelio


Lo que dicen los estoicos es de suprimir nuestra opinión que causa la ira o sea como respondemos a los eventos.

Te estarás preguntando si esto va a eliminar los problemas.

Por supuesto que no. Los problemas seguirán llegando, los compañeros te fallaran, los amigos te mentirán, las personas seguirán criticándote y unos cuantos desconocidos te pisarán los pies sin remordimiento alguno.
Pero nada de esto debería perturbar tu paz mental.

Yo creo que es posible alcanzar un estado mental en el que simplemente ningún acontecimiento externo puede perturbar la paz interior.

Cada vez que me encuentro al limite de explotar me paro a observar. Analizo el hecho real de forma objetiva y sin implicaciones emocionales y luego observo lo que siento en mi interior y me pregunto:

¿De verdad estas emociones de rabia y de enojo me hacen sentir bien?
¿Cómo puedo ver las cosas de otra forma sin alterar mi paz mental?
¿Cómo puedo solucionar este problema (si puedo solucionarlo) y mantener la compostura?

Como reacciono a los eventos es mi responsabilidad.
La ira, el enfado, el enojo, no vienen de algún planeta extraterrestre. Son, como todas las emociones, una elección y un hábito.

Yo voy a elegir la calma sobre la ira y voy a practicar hasta que se transforme en mi hábito numero uno.

¿Y tú?


¡Que tengas un mal día!

No puedes evitar tener un mal día o que las cosas no vayan como esperas pero tienes la posibilidad de transformar cómo reaccionas a los problemas.


Hoy me he levantado con el pie izquierdo y una sensación de angustia. El tiempo no acompañaba. Nublado, de un gris tétrico, un viento molesto y una lluvia anticipando una tormenta inminente. ¡Alleluya! Las condiciones ideales para que las cosas fueran de mal en peor. Sin duda un mal día.

O no.

He evaluado dos posibles escenarios:

  1. Dejar que mi estado anímico ya de por sí endeble e indefenso cogiera el sobreviento y arruinara todas las demás horas del día;
  2. Reflexionar sobre mis emociones negativas y volver a tomar el control para alejarlas y transformarlas en algo productivo.

He elegido la segunda.

Como de costumbre en mi rutina diaria, después de un poco de ejercicio sanador y de escritura liberadora, he consultado uno de mis libros favoritos «El manual de Epicteto» (que puedes descargar de forma gratuita en pdf haciendo clic aquí) y he encontrado una frase que ha alumbrado mi día y mis oscuras emociones:

“No pidas que las cosas lleguen como tú las deseas, sino deséalas tal como lleguen, y prosperarás siempre”.

He meditado sobre estas palabras a la vez que cuestionaba el porqué de mi malhumor. ¡Bingo! Ya tenía la respuesta. Estaba luchando contra mi destino, enojada por las cosas que todavía no me habían llegado en vez de alegrarme por lo que ya tenía.


Transforma lo negativo en positivo, un mal día en uno bueno

Es absolutamente normal desear que nos pasen cosas buenas (esto me recuerda el libro de Marian Rojas «Cómo hacer que te pasen cosas buenas» cuya lectura recomiendo vivamente), lo malo es cuando estos deseos se ven frustrados porque no llegan en el momento en que los queremos.

¿Acaso sirve de algo quejarte, angustiarte y amargarte la vida por las cosas que todavía no han llegado? No. Todo llega en su momento justo y todo llega cuando más lo necesitas, solo hace falta esperar. Con esperanza e ilusión.

Lo que puedes hacer en este preciso instante es transformar lo negativo en positivo.

Por lo malo que sea tu día o la situación en la que te encuentras, siempre tienes la oportunidad de ser la mejor versión de ti misma, practicar la paciencia, la tolerancia y la resiliencia.

No puedes evitar que te pasen cosas desagradables o que las cosas no vayan como esperabas pero sí tienes a tu alcance la posibilidad de transformar cómo reaccionas a las adversidades.

Imagina que el coche te deja tirada o tu pareja te deja o pierdes el trabajo o una amiga se enfada contigo por una estupidez. ¿Como reaccionas?
Puedes enfadarte, llorar, desesperarte y caer en depresión o puedes intentar practicar la calma, el coraje, la humildad y la razón.

En el primer caso estás haciendo daño a ti misma, alimentas tu papel de victima y tu alma sufre.
En el segundo caso estás contribuyendo a forjar un carácter sólido, tu autoestima crece y tu corazón se alegra.


Los obstáculos te fortalecen

Los problemas vienen para enseñarte algo, para meterte a prueba y ayudarte a crecer. A cada obstaculo que encuentras tienes la oportunidad de ser más fuerte y mejor persona. ¡Por tu bien!

No te queda remedio. Las dificultades están allí, siempre. Todos los días, 365 días al año. Siempre habrá algo que se interpone en tu camino. La solución es ir afilando la espada antes de que empiece la batalla, o sea fortalecer el espíritu para que los momentos adversos te cogan preparada.

Decía Séneca:

No hay nadie menos afortunado que el hombre a quien la adversidad olvida, pues no tiene oportunidad de ponerse a prueba.

Las adversidades están allí para meterte a prueba y ayudarte a crecer, para que puedas atravesar todos los obstáculos y seguir el camino hacia tu meta.

Imagina ser una Lara Croft en el juego de Tomb Rider, superando obstáculos, evitando trampas y luchando contra los enemigos. En cada nivel tienes que buscar el arma adecuado para ganar el combate y seguir avanzando.
No sabes lo que te va a pasar en el siguiente nivel pero allí sigues luchando y aprendiendo a usar armas distintas. Y cada nivel que superas eres un poquito más fuerte y más preparada a enfrentar nuevos desafíos.

¿Te imaginas ahora una Lara Croft que se sienta en un ángulo llorando porque no sabe como saltar sobre un puente giratorio?

Los obstáculos sirven para que puedas reforzar tus virtudes, mostrar paciencia, usar la razón, alimentar el ingenio y la creatividad.


Te deseo un mal día para que aprendas a ser más fuerte

Tener un mal día es útil, mucho más útil que un día bueno, porque te obliga a pararte a pensar lo que está pasando.

Si es algo fuera de tu control, o sea un problema sin solución, entonces lo único que puedes hacer es aceptarlo con paciencia.

Si es algo que puedes controlar, o sea un problema que tiene solución, entonces tienes la obligación moral hacia ti misma de hacer algo al respecto.

¿Que característica tiene este problema? ¿Es malo en sí o es malo como tu lo percibes y son malas las emociones que despierta?

En la mayoría de los casos el problema no es malo en sí, son malas las reacciones que tienes antes el problema y por esto sufres y te angustias.

La mayoría de tus problemas son fruto de deseos incumplidos, expectativas, miedos, sentimientos de inferioridad y baja autoestima.

Un mal día te sirve para reflexionar sobre estas reacciones y tomar acción para transformarlas en algo más beneficioso y productivo para ti.

Para esto hace falta cambiar la percepción de lo que te pasa, darle la vuelta al problema y tomar una perspectiva objetiva, libre de juicios y prejuicios.

Tomar una posición alejada, como si fuera un observador externo, te ayudará a ver las cosas de otra forma. Entonces te darás cuenta que tus pensamientos te han hecho pasar una mala jugada.

La buena noticia es que puedes cambiar la suerte del juego a tu favor. Se trata de darle un poco de color a una situación negra para que se transforme en algo beneficioso para ti, para que te puedas sentir mejor y puedas pensar con claridad.


Aprovecha el mal día

Mirar el lado positivo de las cosas o por lo menos intentarlo para sacarles la máxima utilidad es aprovechar un mal día.

¿Es fácil todo esto? Para nada. Pero puedes entrenar para que cada vez sea más fácil.

La primera vez que te montaste en una bici de chiquitita no fue fácil. Seguro que tuviste miedo y caíste y te levantaste mil veces. Así es la vida. Hay que entrenar y tener voluntad y resiliencia.

Solo tu puedes decidir si caerte y quedarte en el suelo o volver a levantarte e intentarlo otra vez.

Un mal día viene a enseñar más cosas que un día bueno.

Cuando llega un mal día, saca todo tu arsenal para convertirlo en una pista de aprendizaje. Saldrás más fuerte, más determinada y más audaz a la hora de tomar acción y superar los obstáculos mentales, físicos, emocionales que se interponen en tu camino.

Acepta lo que te llega cada día y haz buen uso de lo que te ofrece.

 

¡Que tengas un mal día!

 

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